Berliner TageBlatt - El horror de Sabra y Shatila sigue vivo entre los supervivientes de esta masacre en Líbano

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El horror de Sabra y Shatila sigue vivo entre los supervivientes de esta masacre en Líbano
El horror de Sabra y Shatila sigue vivo entre los supervivientes de esta masacre en Líbano / Foto: © AFP

El horror de Sabra y Shatila sigue vivo entre los supervivientes de esta masacre en Líbano

Cuarenta años después de que milicianos cristianos masacraran a palestinos y libaneses en los campos de refugiados de Sabra y Shatila, los horrores de la tragedia permanecen grabados en la memoria de los supervivientes.

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Nayib al Jatib, que perdió a su padre y otros diez familiares en la masacre, todavía recuerda el hedor de los cadáveres: "Perduró durante más de cinco o seis meses. Un olor horrible".

"Rociábamos químicos cada día, pero el olor seguía", continúa este superviviente libanés de 52 años desde el campo de Sabra para refugiados palestinos, donde vive con su familia.

Desde el 16 al 18 de septiembre de 1982, milicianos cristianos aliados con Israel mataron entre 800 y 2.000 palestinos en los campos de Sabra y Shatila en las afueras de Beirut. También asesinaron a al menos 100 libaneses y algunos sirios.

Las tropas israelíes, que habían invadido ese año el país inmerso en una guerra civil, sellaron el campo mientras los milicianos cometían sus atrocidades contra civiles desarmados.

Los residentes de los campos se preparan para conmemorar el viernes el 40º aniversario de la masacre.

"Hasta hoy, el olor sigue en nuestra cabeza. El olor de la muerte", dice Nayib.

- "Caballos y cadáveres" -

El superviviente camina por la callejuela del pobre campamento donde hace cuarenta años presenció la masacre.

"Esto es la casa de mi abuela. Durante la masacre, estaba lleno" de cadáveres, recuerda. "Estaban apilados aquí. Caballos y cadáveres, unos encima los otros".

"Esta zona estaba llena de gente que habían asesinado", afirma.

Uno de los recuerdos más desgarradores para Jatib fue encontrar el cuerpo de su padre en la puerta de casa. "Le dispararon en las piernas" y "le golpearon la cabeza con un hacha", explica.

A pesar de la conmoción global, nadie fue encarcelado ni juzgado por la masacre.

Ocurrió justo días después del asesinato del presidente electo libanés Bashir Gemayel, considerado un héroe por los cristianos del país pero odiado por muchos otros por su cooperación con Israel.

Una investigación en Israel consideró que algunos oficiales, incluido el entonces ministro de Defensa Ariel Sharon, fueron responsables indirectos.

También culpó de la masacre a Elie Hobeika, responsable de inteligencia de las Fuerzas Libanesas, una milicia cristiana de extrema derecha.

Este grupo, entonces aliado a Israel, ha guardado silencio y nunca ha respondido a las acusaciones.

Un grupo de supervivientes intentó iniciar una demanda en Bélgica contra Sharon, pero el tribunal desestimó el caso en septiembre de 2003.

- "Inimaginable" -

Umm Abbas, otra residente libanesa de Sabra que fue testigo de la masacre, lamenta las "escenas inimaginables" que quedaron sin castigo.

"¿Qué vi? Una mujer embarazada a la que arrancaron el bebé del estómago y la cortaron en dos", dice la mujer de 75 años.

A otra mujer "también embarazada, le sacaron el bebé de la barriga también", añade.

Sentada en un callejón, Umm Abbas recuerda como las excavadoras levantaban cadáveres y los tiraban unos sobre otros.

"Los pusieron todos en un agujero profundo, yo los vi", dice.

Los supervivientes recuerdan la masacre cada año, algunos visitando el cementerio en Sabra donde muchas víctimas fueron enterradas.

Una placa de piedra homenajea a los "mártires".

El palestino Amer Okkar reza en el lugar donde todavía no se ha colocado ninguna lápida para las tumbas improvisadas.

"Encontramos a todo el mundo masacrado en el suelo, en los callejones y en esta calle", recuerda el antiguo miliciano de 59 años.

"Encontramos pastillas y machetes y hachís y drogas en el suelo. Nadie podría matar así sin estar drogado", afirma.

G.Schulte--BTB