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Curanderas limpian las malas energías de las mascotas en un mercado de Ecuador
Lucas camina con el garbo de un lord entre puestos de frutas y verduras en un mercado de Quito. Este perro asiste a la última sesión de un tratamiento para calmar su ánimo asustadizo con una "limpia", una arraigada tradición andina.
Algo inquieto, Lucas aguarda su turno mientras Nancy Correa y su madre tratan de un mal similar a un par de niños cubriéndolos con pétalos de rosas y hierbas medicinales.
Ximena Tixi sospecha que un gato asustó a su cachorro de un año y desde entonces está nervioso y sale temeroso a la terraza de su casa.
Aunque esta medicina tradicional es más común en humanos, ella observa una mejoría en el golden retriever, una raza originaria del Reino Unido, tras completar dos "limpias" en el área de medicina ancestral del mercado de San Francisco.
"Está más activo, ya no genera ese miedo que tenía (...) Ya está mejor, ya sale con más tranquilidad", cuenta a la AFP esta arquitecta de 49 años.
El espanto, el mal de ojo o mal aire son padecimientos causados por energías negativas que están en el ambiente, según la tradición popular.
- De enfermiza a sanadora -
Lucas llama la atención. Con su brillante y abultado pelaje rubio conquista el cariño de los niños que rondan los puestos de las 12 curanderas del mercado fundado en 1893 en el centro colonial de la capital de Ecuador.
Cuando llega su turno, entra agitando la cola al pequeño local de Correa, donde están apiladas hierbas medicinales como ruda, ataco, ortiga y eucalipto.
La sanadora lo recibe con un abrazo y empieza el ceremonial con plantas que crecen en quebradas porque "guardan la energía tanto del agua, como del aire, del sol".
Correa es una administradora de empresas que de niña fue enfermiza y aprendió de su bisabuela el arte de curar con hierbas. Se convirtió en la quinta generación de mujeres de su familia dedicada a la medicina ancestral.
"Muy rara vez vienen aquí" las mascotas a limpiarse de las malas energías, "pero lo hago porque es un ser vivo y muy pegado a nosotros", dice la curandera de 57 años.
Señala que "es más fuerte (energéticamente) limpiar a un animalito que limpiar a muchos humanos".
Su madre Emperatriz García rechaza atender a animales porque, afirma, su energía es tan fuerte que siente dolor en su mano al terminar el tratamiento.
- Collar de protección -
En otro puesto está Amparo Lugmaña con Copito, un perro mestizo de cuatro años que es su compañero y al que cada dos meses le aplica menjurjes para expulsar las malas energías.
"Ha estado con mal aire", un bajón de ánimo, explica luego de pasar pétalos, un huevo y hierbas sobre el pelaje blanco y rizado.
Los procedimientos de sanación varían de una yerbatera a otra y los precios oscilan entre 5 y 10 dólares, según el tamaño de las mascotas.
Al puesto de Lugmaña han llegado gatos y conejos. También envía al campo tratamientos a propietarios de vacas, cuyes o gallinas que desean quitar las malas energías de sus corrales.
Los animales "sienten y absorben la mala energía" del entorno, dice.
Los síntomas son variados: decaimiento, pérdida de peso, presencia de pulgas o cojera. Los últimos días, Copito estuvo bostezando más de lo habitual.
Para protegerlo, su propietaria y curandera de cabecera le coloca en el cuello una cinta roja de la que cuelgan pepas de wayruro, una semilla amazónica.
Para Lugmaña, las limpias no reemplazan los tratamientos médicos o veterinarios. Por eso, antes de aplicar sus conocimientos pregunta si sus clientes son llevados al doctor.
I.Meyer--BTB