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La pequeña guardia indígena que vigila el bosque amazónico en Perú
Apenas oyen el ruido de la motosierra, apuran el paso para sorprender a los que tumban la selva. La guardia ambiental indígena de Masisea, en Perú, es una pequeña fuerza con arcos y flechas y una tarea colosal: proteger de "invasores" el bosque amazónico.
Comandados por un profesor de escuela de 54 años, una decena de shipibos-konibo con chalecos y gorras verdes rodean a un hombre que sierra un tronco caído. Una mujer con su sobrino lo observan.
La lluvia dio tregua y el calor es intenso. Abner Ancón, el jefe del grupo, ordena apagar la motosierra.
"Estás en territorio caimito. Vas a tener problema con nosotros", le espeta al aserrador, al que luego dejan ir con su herramienta.
Ancón dirige la guardia indígena de Caimito, una comunidad de 780 nativos a orillas del lago Imiría, en la localidad de Masisea.
Lo que "conservamos no es solamente para nosotros, sino para toda la humanidad", señala este hombre de mediana estatura que lleva una gorra con la inscripción CIA.
Su territorio de casi 4.900 hectáreas, asegura, "está amenazado".
Primero irrumpieron los traficantes de madera, luego los cocaleros, que "envenenan" el agua con los químicos con los que procesan la planta de la que extraen la cocaína. Y más recientemente los menonitas con sus tractores.
A los tres los trata de "invasores" y "depredadores".
Hace dos años que los shipibos-konibo de Caimito cuentan con su propia fuerza de vigilancia.
Según Ancón, debieron organizarse ante la desprotección del Estado. La guardia de Caimito fue la primera de 19 que han conformado los shipibos-konibo de 176 comunidades amazónicas.
La que dirige Ancón llegó a tener 80 miembros, pero hoy están activos 30, la gran mayoría hombres. El resto migró, algunos por trabajo.
Antes de salir a patrullar en grupos se forman en el centro del caserío al grito de "guardia, guardia, fuerza, fuerza".
Llevan machetes y algunos arcos y flechas que, según Ancón, jamás han disparado en sus choques con los deforestadores. No cuentan con armas de fuego ni con radios para comunicarse. Tampoco tienen apoyo de autoridades.
Únicamente disponen de un vehículo y unas lanchas. "Enfrentamos a los pescadores que sacan en toneladas nuestro pescado", sostiene Hermógenes Fernández, un shipibo-konibo de 59 años.
En esos enfrentamientos, dicen los guardabosques, varias veces los han golpeado o amenazado con escopetas.
Cuando la guardia indígena "interviene" lo hace de manera pacífica y para pedir que desalojen su territorio, pero algunas veces han "quitado motosierras", sostiene Ancón.
En julio pasado el jefe de la guardia indígena recibió amenazas de muerte. Asegura que le llegó el recado de que ya habían contratado a tres sicarios. Sus propios guardias lo protegieron.
Interpuso la denuncia, pero las autoridades no han identificado a los responsables.
"Todavía me pregunto por qué el medio ambiente tiene enemigos", reflexiona Ancón, quien teme por su vida.
C.Kovalenko--BTB